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Gestionar las Emociones en un Proceso de Coaching

Gestionar las Emociones en un Proceso de Coaching

Portal del Coaching | @PortaldCoaching

Hace solo unos días que ha finalizado la II Semana Internacional del Coaching, organizada por ICF España a través de las escuelas colaboradoras con programas formativos acreditados por ICF, profesionales del sector que apuestan por el coaching de calidad y las diferentes delegaciones que tiene repartidas por el conjunto de la geografía española con un total de 14 comunidades y, en este momento, a posteriori, dos son los aspectos relevantes que pueden (y deben) destacarse:

1) La fantástica acogida y participación por parte de las más de 2.500 personas que han asistido y,

2) El abanico tan amplio de posibilidades ofrecido por el calendario programado, puesto que puso al alcance de cualquier interesado más de 100 actividades gratuitas mediante las que poder elegir temática, ciudad, formato y horario.

Bien pues, dentro de esa participación y diversidad de actividades una de mis elegidas fue la impartida por Guadalupe Gómez Baides: “Gestionar las emociones en un proceso de Coaching” (a cargo de la Escuela de Coaching Ejecutivo Cegos) y lo bueno de la conferencia es que consiguió enganchar por igual (desde el principio) a los tres posibles tipos de asistentes: iniciados, aprendices y avanzados (o ilustrados en materia).

¿Cómo lo hizo? o… mejor aún: ¿cómo lo logró?
Sencillamente, haciendo uso de algo que, a día de hoy, la inmensa mayoría maneja, como son las 5 Competencias Básicas de Inteligencia Emocional de Daniel Goleman, pero… en este caso concreto, teniendo en cuenta dos indispensables de cara a la realización de un proceso de coaching: coach y coachee a partir de la relación tripartita que física, intelectual y emocionalmente establece cada uno de ellos por su lado, en el momento en el que se inicia la sesión de coaching o se prolonga en el tiempo si lo que hacemos es hablar de un proceso.

Si hay algo que me gustaría resaltar por encima de todo de su ponencia, es el marco referencial en el que consiguió situarnos como profesionales y, ante todo, como personas. Nos puso de manifiesto dos escenarios distintos, dos observatorios diferentes y, en definitiva, dos roles desiguales sobre los que, por un lado, poder vernos reflejados y, por otro, poder vislumbrar rápidamente la influencia positiva o negativa que podemos ejercer en un determinado instante (sobre nosotros y las personas con las que trabajamos) solamente por las consecuencias que derivan de nuestro estado emocional concreto.

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Imagen: Flickr ©José Ramírez

Francamente, me pareció súper interesante porque me resultó un ejercicio de humildad muy bonito y muy necesario, para cada una de las personas que efectivamente nos dedicamos al mundo del coaching, entre otras cosas, para tener muy presente que, en cuestión de emociones los automatismos no valen y en lo que personas se refiere menos todavía (por mucho que pueda ser el tiempo dedicado a nosotros mismos, a cada una de ellas o al ejercicio de nuestra profesión en general).

Por ello, lograr ese nivel de con(s)ciencia y, sobre todo, de honestidad, sinceridad y autenticidad por nuestra parte como profesionales, es lo menos que podemos brindarles a todas aquellas personas que, en cierto modo, ‘nos eligen’ para sacar lo mejor de sí mismas.

(In)conscientemente me condujo a un estado de reflexión en el que (auto)generarme una perspectiva enriquecedora, empoderadora y certera en lo que a mi práctica habitual como coach pueda desempeñar, pero… a partir de ahora, teniendo en cuenta de forma proactiva y disciplinada la importancia que reside en el (re)conocimiento, (auto)regulación y canalización de ‘la higiene emocional’ de mi(s) coachee(s) y de mí misma. Es algo que naturalmente se supone que debemos hacer en nuestro práctica diaria, sin embargo, en esta ocasión, gracias al cuestionamiento propio conmigo misma y al diálogo interno producido a continuación es algo que, ‘a todas todas’, trataré consciente y concienzudamente desde mi aquí y mi ahora en cada una de mis sesiones.

Las emociones se respiran y lo cierto es que, da igual, si son propias o ajenas, emitidas o recibidas, activas o pasivas, asociadas o disociadas, transferidas o contratransferidas, están ahí, pueden palparse en el ambiente y, tanto si son nuestras como de nuestros clientes-coachees es nuestra respons(h)abilidad aprender a gestionarlas haciendo uso del tiempo y los tiempos necesarios para ello.

Me encanta asistir, participar y formar parte de cualquiera que sea el espacio de reflexión que me “eduque mejor”, me ayude a crecer y me otorgue con sabiduría la posibilidad de ir a más en lo personal y naturalmente en lo profesional. La actividad de “Gestionar las emociones en un proceso de coaching” fue el caso y la artífice de todo lo expuesto Guadalupe Gómez Baides.

¡Muchas gracias y, muy gustosamente, hasta la próxima!

Cris-Moltó-CoachCris Moltó

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